Lunes, comienzo de semana, sala de artes marciales “Carmen Herrera”. Una docena de niños con sus “kimonos” se quitan los zapatos y entran a la clase saludando al “Sempai”. Así se le llama al profesor, una palabra japonesa que indica quién es el superior. Con “Sempai” podemos referinos también a un compañero que tenga más nivel dentro del grupo, que será el que lleve la voz cantante en el caso de que el profesor se ausente en algún momento. Saludo inicial y calentamiento previo al entrenamiento.
Los alumnos o en japonés “Kohai”, siguen las indicaciones en todo momento, la disciplina, como indica Luis Olavi es muy importante: “Sin duda lo que más nos interesa a los instructores es la disciplina, sin olvidarnos de la diversión, claramente. El kárate y la cultura japonesa van de la mano, por lo tanto la escala piramidal en cuanto al respeto se refiere tiene que ser respetada”.
Todo esto lo puedo apreciar en cada momento del entrenamiento. Viendo como se saludan los compañeros, como hablan al profesor, como están atentos a todas las indicaciones.
Me siento en un banco en el lateral de la clase y observo. Observo y retengo la información en mi cabeza, apuntando algunas palabras técnicas para después comentarlas con el Sempai. Lo primero que llama la atención es la edad de os niños, de entre 5 y 8 años. Es el grupo inicial, el más joven y, por lo tanto, tienen que divertirse además de conocer movimientos de kárate o mejorar sus condiciones psicomotrices.
¿Cuál es el objetivo del Sempai Luis?
Me responde, de forma tajante: “con el paso de los años he aprendido que los niños de estas edades tienen que divertirse, ya habrá tiempo para aprender más adelante. Al grupo inicial todos los días les pongo un juego diferente y aunque ellos no lo crean, están trabajando mucho sus condiciones. En cambio para los más grandes dejo un día, los viernes, que vienen cansados del instituto y una semana agotadora para que se evadan y disfruten más”.
Haciendo un poco más de hincapié en los movimientos técnicos, el Sepai siempre está encima de ellos para corregir, e incluso resolver dudas. También se ayudan los propios alumnos entre ellos. Alberto, el Sepai del grupo, lleva un cinturón azul que lo hace diferenciarse de sus compañeros, nos cuenta que el respeto es lo más importante, que por lo general todos tienen una buena actitud en los entrenamientos pero si alguien se pone más revoltoso, él es el encargado de decirle lo que debe hacer, soltando una sonrisa que no puede ocultar.
Amanda pertenecía a la clase posterior, pero tuvo un momento para hablar y contarnos sus impresiones. Lleva 4 años yendo a los entrenamientos y me dice: “me gusta mucho venir aquí, me divierto y me lo paso bien, que es lo más importante. Quiero conseguir el siguiente, que tiene una raya negra -me cuenta al preguntarle por su cinturón amarillo-, pero me lo tengo que merecer y trabajar muy duro”.
Jesús, por otro lado, me cuenta que lleva un año (su cinturón rojo también nos indica que lleva poco tiempo) y que lo que más le gusta son los juegos que hace con sus compañeros. Aunque también le gusta aprender movimientos y técnicas nuevas.
Para terminar, agradecer a Luis el tiempo y felicitar a todos estos niños y niñas que hacen deporte en nuestro pueblo. La foto de familia de todos ellos, representando un movimiento, es una buena manera de ver el buen ambiente que rodea a las clases.
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